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El escándalo se ha desatado en Mendoza.

Las denuncias de abuso sexual de menores en contra de cuatro personas (dos sacerdotes – uno de Verona, Italia, con antecedentes similares, y dos empleados más) del colegio Próvolo, una institución mendocina de educación especial para chicos con hipoacusia grave o sordera completa, llenan los espacios de los medios.

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El dolor de las víctimas, sumado al dolor de sus familiares que confiaron en una institución educativa y religiosa, se transforma en el dolor de todos.

Como Pastor que soy, quisiera dirigir la atención a 3 elementos que deberían ser nuestra agenda de trabajo pastoral, luego de escuchar lo que Dios me dice en su Palabra, en un intento de elevar una voz profética, o mas precisamente establecer una posicion bíblico-teológica sobre esta temática especifica.

 

Consideremos a las víctimas directas e indirectas de esta tragedia.

Esos niños de no más de 12 a 14 años, violentados en su inocencia, no una, sino muchas veces.

La sociedad, los medios de comunicación, el comercio de la información, y las instituciones que deben cuidar sus propias espaldas, solo se preocupan por los victimarios, los culpables.

Quiénes fueron responsables, y quiénes son responsables de los responsables.

Mientras tanto, esos niños hoy jóvenes, y en algunos casos todavía niños, no alcanzan a integrar esta agresión a su vida diaria, y necesitan ser amados, necesitan ser vigilados, necesitan estar con nosotros.

Jesús advirtió la actitud autoritaria de los discípulos, quienes haciendo uso de su autoridad, de alguna manera violentaban a los niños, y sentenció en contra de esos adultos: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan”. Marcos 10-13-16 (DHH)

Y también habló en contra de los que “hace(n) caer en pecado a uno de estos pequeñitos”. Lucas 17.1-2 (DHH)

Por ello debemos construir una acción pastoral específica que les ayude a sanar las heridas recibidas, y que contenga los siguientes elementos:

– Ayuda y acompañamiento pastoral y bíblico para superar los efectos del abuso y darle nuevamente un sentido a su vida

– Enfrentar y resolver los sentimientos de enojo y culpa

– Proveer un entorno seguro, asegurando el amor y aceptación del resto de la familia.

– Ayuda desde la Palabra de Dios para superar miedos y volver a confiar en los demás con discreción.

– Ayuda para restablecer la rutina familiar

 

Consideremos a los victimarios directos de esta tragedia.

El solo pensar en los perpetradores de estos hechos hace surgir emociones y sentimientos que nos alteran, enojan y descontrolan.

Jamás debemos librarlos de su propia responsabilidad ante los hechos, y al respecto, debemos utilizar los sistemas jurídicos, legales y sociales apropiados para ayudarlos a que no repitan nunca más su conducta.

El orden jurídico y legal durante la época del Pentateuco dejó en claro la condena divina a cualquier tipo de maltrato del hombre a sus semejantes

El maltrato e inmoralidad contra niños, mencionado en Levítico 20.1-3, exigía penas y castigos adecuados al desarrollo jurídico del momento (“por permitir que uno de sus hijos sea violentado…”)

En Marcos 10.13-16 Jesús se enfrenta con quienes usan sin pudor su autoridad para impedir a los niños ser bendecidos por Jesús.

Y en Lucas 17.1-2 (NVI), Jesús menciona que “el tropiezo es inevitable” para el que hace caer en pecado a un pequeñito.

Las personas del instituto Próvolo, sumaban una triple actitud de autoridad, muy difícil de evadir por un niño.

Eran adultos, docentes, y representantes de la voz de Dios.

Reprobamos la triple acción de irresponsabilidad humana y profesional.

Sin embargo, esto no nos exime de procurar que el victimario reciba una acción pastoral destinada a:

– Ayudarlo a tener un encuentro con Cristo

– Guiarlo para que se haga plenamente responsable de sus actos violentos e irresponsables

– Instarlo a pedir perdón a las víctimas y a los familiares de ellas.

– Orientarlo para que tome la decisión de realizar un tratamiento profesional, paralelo a la asistencia pastoral.

– Mantenerlo permanentemente alejado de situaciones en donde haga uso de cualquier tipo de autoridad frente a niños.

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Consideremos a las instituciones encargadas de velar

…por la satisfacción de las necesidades de las víctimas, y la responsabilidad de los victimarios.

Si bien existen curas abusadores de niños, al considerar solo los casos declarados, la estadística mundial indica que no superan el 2 a 4% del total, según quien haga la medición (incluido el Papa Francisco).

El dato no debería tranquilizar a las instituciones encargadas del control, pues el dolor de las víctimas y sus familias no admiten explicaciones de este tipo.

Solo sirve para aclarar que el delito como tal no es algo exclusivo de los religiosos, y por el contrario, forma parte de la naturaleza humana

Hay abusadores en la docencia, en la familia, en la ciencia médica (doctores o enfermeros), y en todo grupo profesional encargado del cuidado de instituciones de internación.

Denunciamos por lo tanto que parte de la responsabilidad por lo sucedido en Mendoza, les cabe a los organismos políticos de control, los organismos policiales y judiciales, y los organismos religiosos, cuya tarea es regular el accionar general de las personas que tienen niños a cargo.

Hoy son conocidas la falta de medidas en contra de los sacerdotes pedófilos, la falta de denuncias de los casos a la policía, las políticas de encubrimiento y los chantajes a las víctimas.

Y si bien cada institución y organismo responsable han ido edificando estructuras de auto-protección, nuestra acción pastoral hacia ellas jamás debería ser permisiva y pasiva.

Nuestra acción pastoral al respecto debería contener las siguientes líneas de acción:

– Apoyar y acompañar a las familias de las víctimas en sus reclamos sociales, jurídicos, legales y policiales.

– Educar a los miembros de nuestras iglesias a asumir una visión crítica de la sociedad, en especial en cuanto a los organismos e instituciones encargados de educar, proteger y contener a nuestros niños, denunciando inmediatamente cualquier injusticia contra ellos que sea percibida.

– Ejercer un control más cercano y estricto sobre las instituciones políticas y sociales de nuestro medio, basado en la capacitación y conocimiento progresivo de su funcionamiento, y denunciar cualquier irregularidad aunque no haya ocasionado una crisis todavía.

– Participar de la necesaria interacción entre las instituciones del Estado, instituciones religiosas y las instituciones de la sociedad civil (incluyendo los grupos de poder, los grupos de presión, los grupos de formación de la opinión pública, etc), defendiendo la visión del Reino de Dios en nuestra cultura.

– Hacer conocer periódicamente una voz pública y profética sobre las diferentes expresiones del devenir social, personal o institucional, denunciando lo que está en contra de la Palabra de Dios, y exponiendo con precisión la necesidad de cada mendocino y argentino de volverse a Dios para vivir y disfrutar todo su potencial.

– Evitar relaciones de dependencia con cualquier institución social, política o legal que nos limite en el cumplimiento de la función profética a nuestra sociedad.

 

Consideremos las causas del escándalo

Nos damos cuenta que la pederastía es una expresión de la naturaleza humana pervertida, y no solo está presente en el clero católico, sino en toda persona que tiene una confusión sobre su identidad u orientación sexual.

No será posible encontrar una sola causa, y en su lugar es preferible hablar de multi-causa para intentar explicar esta debilidad del carácter, este pecado.

El Apóstol Pablo, en diferentes contextos, recomendó abstenerse de casarse para ocuparse de las tareas eclesiásticas (“Un soltero puede invertir su tiempo en hacer la obra del Señor y en pensar cómo agradarlo a él”  1 Corintios 7.32-33 – NTV), aunque también advirtió acerca de los que prohibirán casarse, como expresión engañosa de doctrinas no contenidas en la Biblia (“…por la hipocresía de mentirosos… prohibirán casarse…” 1 Timoteo 4.1-5 – RVA).

Entendemos que una “recomendación” apostólica es bien diferente a una “regla de vida” obligatoria para abrazar la tarea pastoral o sacerdotal.

Pero también entendemos que otras posibles causas de la pederastía pueden encontrarse en la relajación de las costumbres de los pastores y líderes eclesiales, que intentan “aggiornar” (actualizar) el mensaje del evangelio de acuerdo al comportamiento de la cultura actual, haciéndolo más impreciso y menos comprometido con las éticas y eternas verdades bíblicas.

Por ello nuestra acción pastoral debería contener las siguientes acciones:

– Considerar, estudiar y escudriñar las Escrituras con el objetivo de la enseñanza, respecto de las “recomendaciones” del Apóstol Pablo a los pastores y obispos de casarse y/o de no casarse, según el contexto en el que Pablo escribió.

– Contrastar en la enseñanza pública (dentro y fuera de la Iglesia) los descubrimientos de esos estudios bíblicos, con la práctica aceptada por la Iglesia Católica, respecto del Celibato Obligatorio de sacerdotes católicos.

– Evaluar la actitud y acciones de la jerarquía católica de preservar el número del clero regular, consiguiendo nuevos sacerdotes o manteniendo los puestos existentes, aunque con ese objetivo tuvieran que incorporar a personas que no fueran dignas de ejercer el sacerdocio.

– Contrastar los descubrimientos con la responsabilidad que le cabe a instituciones como las Asociaciones de Pastores Bautistas, la Confederación Bautista Argentina, o similares, de sugerir, aceptar o ser permisivos ante la aparición de Pastores sin el debido Presbiterio, evaluación y reconocimiento de sus pares y de la comunidad evangélica en general.

– Asumir como compromiso ético, la observancia y estricta vigilancia sobre los pastores y líderes de nuestras congregaciones, respecto de costumbres relajadas o acciones dudosas con el objetivo de que “todo el evangelio sea predicado a todo el mundo”, en especial en áreas relacionadas con la atención de niños y adolescentes en riesgo social.

– Al respecto, esforzarnos por no confundir la aceptación de toda persona en el contexto eclesial, con vistas a la sanidad de su estropeada relación con Dios y sus semejantes, con la aceptación de personas en el liderazgo cuyas enfermedades de la personalidad y de la identidad sexual (léase pecados) aún no hayan sido resueltas.

 

CONCLUSIÓN Y COMUNICADO

Por todo lo expuesto, elijo libremente publicar el siguiente comunicado-resumen personal, con la humilde esperanza de que otros Pastores Evangélicos se hagan eco del mismo, o bien que sirva como disparador de encuentros pastorales de reflexi9n sobre este y otros temas que afectan a nuestra sociedad.

 

Desaprobamos enérgicamente cualquier acción violenta que implique un abuso de la autoridad sobre los niños y adolescentes que asisten o asistieron al instituto Próvolo de Luján, Mendoza, y manifestamos que no hay en la Biblia, ningún justificativo para tales acciones, las cuales son moralmente reprobables.

Nos solidarizamos con las víctimas de tales actos delictivos, y rogamos a Dios que tengan la posibilidad de sanar sus heridas y rehacer sus vidas conforme al designio divino originalmente contenido en la Biblia, y de acuerdo al deseo de Dios de llegar a ser personas íntegras, completas y que gocen del bienestar general de su espíritu, alma y cuerpo, para lo cual comprometemos nuestra acciones y participación, si éstas fueran necesarias, y nos las requirieran.

Exigimos que tanto la justicia como los actores sociales y políticos responsables saquen a la luz los hechos, ofreciendo las acciones correctivas apropiadas.

 

Roberto Grauvilardell

Pastor