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En el cristianismo medieval se profundizó la enseñanza del contemptus mundo, el desprecio por el mundo.

Sostenía que no eran importantes las preocupaciones terrenales y la vida en este mundo.

En su lugar había que preocuparse por el mundo por venir después del retorno de Cristo.

Esta enseñanza medieval puso casi nada de valor en esta tierra, comparada con la eternidad, y se la consideró solo de manera utilitaria.

Por lo tanto, preguntarnos si es la voluntad de Dios que cuidemos la Tierra, es más que una cuestión ecológica relacionada con el medio ambiente.

Es la voluntad de Dios

Es también una cuestión que busca entender nuestra responsabilidad, según aprendemos al leer la Palabra de Dios.

Pues sabemos que ella nos ayudará a entender Su Voluntad.

En este artículo, exploraremos cuatro puntos fundamentales para entender por qué cuidar la Tierra es una expresión de la voluntad divina.

1. Es la voluntad de Dios: La Creación como Manifestación de Su Voluntad

 

Desde los primeros versículos de la Biblia, se nos revela que Dios es el Creador de los cielos y la tierra.

El Pentateuco en general, y Génesis en particular, nos muestran que la Creación es una expresión visible de la voluntad de Dios.

Salmo 104 completo nos sumerge en la majestuosidad de la creación, destacando cómo cada criatura depende de la provisión divina:

Cuidar la Tierra es, por lo tanto, un acto de obediencia a Dios, y reconocimiento de Su autoridad como Creador.

2. Es la voluntad de Dios: Administradores de la Creación

 

Los primeros capítulos de Génesis nos llevan a explorar la responsabilidad humana en el cuidado de la creación.

El mandato dado a Adán y Eva en el Jardín del Edén no solo implica gobernar sobre la Tierra, sino también cuidarla:

Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo . Génesis 2:15.

Como creyentes, somos llamados a ser administradores de esta obra maestra divina.

La Tierra no es solo nuestro hogar; es el producto de una confianza divina en nosotros.

Y por lo tanto debemos administrarla y cuidarla con sabiduría y responsabilidad.

 

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3. Es la voluntad de Dios: Amor al Prójimo: Reflejo del Amor Divino

 

Hemos aprendido de Jesús que la fe cristiana se manifiesta en el amor a Dios y al prójimo.

Bueno, Jesús lo enseñó desde un pasaje del Pentateuco.

Cuidar la Tierra se conecta directamente con este principio.

Nuestro actuar ecológico impacta a las comunidades locales e internacionales.

La contaminación afecta la calidad de vida de las personas, especialmente a las más vulnerables.

Consideremos al respecto uno de los versículos clave de Jesús:

«Ama a tu prójimo como a ti mismo» Mateo 22:39.

Cuidar la Tierra es una expresión práctica de este amor, preservando el entorno en el que vivimos para las generaciones futuras.

4. Anticipar la Nueva Creación: Esperanza en Acción

 

En la teología bíblica, la esperanza en la restauración total es un ancla sólida.

La Escritura nos revela que la creación gemirá hasta que llegue la redención final

Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora… aguardando la redención. Romanos 8:22-23.

Al cuidar la Tierra, participamos activamente en la anticipación de la nueva creación prometida por Dios.

Nuestra responsabilidad actual tiene un impacto eterno.

Imaginemos un mundo redimido, libre de degradación ambiental.

Donde la gloria de Dios se refleje en la creación en su plenitud.

CONCLUSIÓN

 

En resumen, cuidar la Tierra no solo es una preocupación ecológica moderna.

Es una expresión práctica de la voluntad divina.

A través de la exploración de

– la creación como manifestación de la voluntad de Dios,

– el mandato bíblico de ser mayordomos,

– el amor al prójimo y

– la esperanza en acción,

descubrimos que nuestra responsabilidad ambiental está arraigada en la esencia misma de nuestra fe.

Como cristianos, abrazamos la llamada a cuidar la Tierra como un testimonio tangible de nuestra obediencia y amor por el Creador y Su creación.

En cada acción responsable, tejemos un hilo de esperanza que conecta el presente con el futuro eterno

Ese futuro que Dios tiene reservado para aquellos que aman y siguen Su voluntad.

 

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